Rebasó el agua mansa la vasija que la contenía y se hizo río bravo de movimiento....
Las mujeres son el sustento espiritual y material de este ejército, si podemos sobrevivir en grandes contingentes, es por ellas... (Subcommandante Marcos).
Desde
que hace algunos años, el EZLN (Ejército Zapatista de
Liberación Nacional) empezó a organizarse, las mujeres
entendieron que ellas también podían y debían
luchar con todo su pueblo contra la explotación,
discriminación y abuso de poder del que son víctimas
por el simple hecho de ser indígenas. Pero al mismo tiempo
comprendieron que por el simple hecho de ser mujeres, tenían
otro frente en el que luchar: tenían que acabar con la
discriminación que sufren dentro de su propia sociedad; una
sociedad tradicionalista y de un machismo exacerbado, en la que, se
las considera seres inferiores sin derecho a la vida pública
ni a la educación. Después de largos debates entre
todos los grupos de las diferentes comunidades, las mujeres hablaron
por medio de su portavoz, Ramona, miembro del Comité
Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI), para exigir que
sus derechos fueran reconocidos y así, el 8 de marzo de 1983
se aprobó la Ley de Mujeres del EZLN. Los diez puntos de esta
ley son:
La aceptación de esta ley ha permitido a las mujeres integrarse con su pueblo en la lucha contra el opresor.
Algunas se decidieron por la lucha armada. Son las insurgentes, una generación de mujeres muy jóvenes que el pueblo ha entregado a la guerra. Se unieron al EZLN y forman el 35% de éste. La mayoría tiene grado. Son responsables, organizadas y dueñas de una gran capacidad para la lucha porque como ellas mismas explican: No tenemos nada que perder puesto que antes nunca existimos. Nacieron en comunidades indígenas y campesinas de Chiapas pero nunca han llevado una vida normal, no viven en casas ni tienen hijos ni otro proyecto de futuro que acabar con la injusticia que las mata desde hace lustros. El Ejército Zapatista les ha aproporcionado algo: han aprendido leer y escribir, política, tácticas de combate y a manejar armas. Pero lo más importante es que son respetadas por sus compañeros y comparten con ellos los mismos derechos y obligaciones; esto supone un gran salto cultural con respeto a sus madres, motivo por el cual son estas últimas las que incitan a sus hijas a unirse al EZLN.
Las otras, las que no pudieron unirse al ejército porque tenían hijos a los que atender luchan desde sus comunidades, son miembros del CCRI y su labor es organizativa e ideológica. Se ocupan de organizar los grupos de mujeres para que poco a poco enseñen unas a otras lo que van aprendiendo: principalmente el castilla (para poder defenderse ante el opresor) y política (para que todas entienden mejor contra que y por que están luchando). También se ocupan de trabajos como provisión de alimentos, confección de ropa etc.
Pero la lucha es para todas la misma: conseguir que sus derechos como mujeres sean respetados por su propio pueblo y que se respete el derecho de este pueblo a vivir una vida digna en su propia tierra.